El proyecto

El proyecto de fotografía Bellas Durmientes parte de una reflexión a partir del concepto de identidad transnacional, para insertarse en una propuesta creativa afín al Arte Público. Desde un intento de análisis de los lugares imaginarios de un grupo de mujeres con diferentes orígenes pero que conviven en una misma ciudad (Valencia, España), el proyecto recoge el contexto actual de residencia de cada una, además de representar el cómo se imaginan o proyectan ellas mismas hacia el futuro.

martes, 13 de mayo de 2014


La crítica de arte Pilar Bonet escribió el siguiente texto que aquí reproduzco en referencia al proyecto Bellas Durmientes, para su publicación en el catálogo Distintos tiempos, el mismo lugar, donde aparece el registro completo del proyecto, además de las otras dos propuestas expositivas de las artistas Verónica Tapia y Carolina Coppens. El catálogo fue editado por la asociación Awayo en el año 2010. 

Sugerencia en caso de cita:

Bonet, Pilar (2010). “Las bellas durmientes no esperan el príncipe azul” en Distintos tiempos, el mismo lugar. De las heterotopías a las heterocronías. Valencia: Asociación Awayo


Las bellas durmientes no esperan el príncipe azul

Pilar Bonet
Crítica de arte. Profesora de arte y diseño contemporáneo en la Universitat de Barcelona y la Universitat Ramon Llull.

Las bellas durmientes es un grupo de mujeres que realizan junto a la artista Maricely Corzo un proyecto de creación abierto y de colaboración. Las durmientes podemos ser cualquiera de nosotras, en este proceso artístico no hay reglas de juego, ni etiquetas o casillas preestablecidas. Se trata de compartir imaginarios culturales, de hablar sobre lo emocional y lo cotidiano, sobre lo personal y lo político. Las protagonistas de esta peculiar narración saben que es posible compartir un espacio de charla y de creación, una ocasión para el encuentro sin protocolos estéticos ni objetivos comerciales. Con este proyecto la artista insiste en los procesos de trabajo colectivo, en el intercambio como técnica artística primordial, en la voz en femenino como lenguaje de transformación.

El proceso de trabajo de la artista colombiana Maricely Corzo esquiva la literalidad de la forma o los sintagmas estéticos convencionales para rastrear las posibilidades de la palabra y de la imagen en un juego de intercambios, de prácticas relacionales, que visualicen esos "otros mundos posibles" que ella misma postula en su manifiesto sobre Las bellas durmientes. La experiencia de la identidad, desde la memoria histórica o las cuestiones de género, también desde la transnacionalidad, construye una plataforma de trabajo básica y excepcional para estimular una circulación de ideas y de acciones, para cartografiar un lugar de creación sin límites ni discursos ejemplares. Lejos de la idea secular del artista genio, personaje mítico más allà del bien y del mal, esta artista busca una habilidad para estimular la virtud de la creación colectiva y alcanzar una experiencia de libertad que desde el arte se proyecte en la vida. Se trata de verificar el arte como aprendizaje, el arte como espacio de comunidad y lugar de transferencias.

Para la artista la creación no es una gestación metafísica de imágenes u objetos, sino una lectura y descubrimiento del mundo, de sus sedimentos y orografías emocionales. Maricely quiere definir un proyecto de vida y de artista que podemos compartir en una actividad que propone como juego de relación, de rol o red social. En el proyecto de Las bellas durmientes, como en otros de sus trabajos, se quiere construir un lugar comunal, cuyo recuerdo permita afrontar el reto de estar en este mundo en crisis. Las mujeres que comparten el proyecto no esperan al príncipe azul de la maldición que las ha convertido en seres espectrales y pasivos, ellas ahora toman las riendas de sus deseos y sueñan con futuros placenteros. Cerrando los ojos alcanzan nuevos imaginarios y con ellos el dominio existencial. Despiertan mientras imaginan y nos ofertan herramientas para progresar.

El resultado de este proyecto no es un objeto singular o una imagen inédita, nada del mito de la originalidad como distintivo del artista. Todas las imágenes que generan Las bellas durmientes (fotografías, objetos, mapas) y su instalación en el espacio de exposición son parte de un proceso que conlleva experiencias que no pueden trasladarse al público como materiales físicos, sólo presentirse: la charla, los secretos compartidos, las decisiones y los consensos, las dudas o las sorpresas de un tiempo compartido.

Mientras algunos apostaban por las últimas tecnologías y las apoteosis visuales en el arte del siglo XXI, esperando más la sorpresa formal y los espectáculos que las actitudes y los contenidos, la realidad del nuevo ciclo histórico nos depara procesos de trabajo híbridos y relacionales como los de la artista Maricely Corzo. El artista deja de ser un mito y el espectador un observador distante, en estos casos unos y otros se reúnen para llevar a cabo propuestas artísticas más austeras y más comprometidas. El arte busca ser menos "arte" en el sentido hegemónico de poder visual y se quiere más comportamiento, más ideología de transformación. Ahora el "arte", susbtantivo singular, también contiene el sintagma "arte público".

El arte público y el arte relacional.

En sus conversaciones, Maricely usa el término "arte público" y el de "arte relacional" para referirse a sus proyectos y procesos de trabajo. En los últimos años, ambos términos circulan entre los léxicos estéticos refiriendo nuevos comportamientos del arte internacional. El término "público" se antepone al "privado" de la misma manera que el "relacional" lo hace frente al "individual, de forma similar a como el término "libertad" se confronta al de "dictadura". Ambos vocablos inciden en la voluntad de aquellos artistas que optan por abandonar el olimpo estético para iniciar rutas transversales en nuevos lugares comunes. Trabajar contextos específicos, en tiempo real, interactuar con mujeres y grupos, o subvertir los modelos académicos del arte, es la opción que algunos artistas eligen. Hablar de arte público és referirse a una actitud más que a una forma o estilo.

Desde los años setenta el término "arte público" ha designado diferentes tipos de intervención artística en el espacio urbano y la comunidad. En ocasiones sólo se definían piezas escultóricas de grandes dimensiones ubicadas en lugares públicos, en otras designaba museos al aire libre o pinturas murales. En estos casos se trataba de estetizaciones del proyecto urbanístico más que de intervenciones alternativas en el espacio público y en un contexto social determinado. Pero a finales de los años ochenta el término va adoptando un contenido cada vez menos formal para devenir un site político donde instruir un debate crítico acerca de lo que designa el término “público” frente a “privado”, asumiendo intervenciones y análisis más comprometidos con el territorio geopolítico, las fronteras políticas, la transformación de la comunidad urbana o las formas globales del capitalismo y sus mercados.

A partir de este debate más social y político, los proyectos artísticos en el espacio público (ciudad real o site virtual) y con la comunidad adquieren estrategias menos objetuales y más cercanas a la realidad, usando lenguajes vinculados a la publicidad, el diseño, la arquitectura, el urbanismo, la acción civil o la geografía emocional. Las múltiples convocatorias públicas para proyectos y acciones urbanas han gestionado un nuevo espacio crítico para este tipo de producciones artísticas más recientes.

Actualmente el término "arte público", que utiliza Maricely para designar sus proyectos, pierde su categoría más formalista y se expande entre los nuevos comportamientos artísticos que gestionan proyectos de espacio público en la ciudad y con la comunidad, siempre en tiempo presente y asumiendo la posibilidad de incidir en las cartografías sociales y personales. Se trata de producciones artísticas atentas y críticas con la realidad, más allá de convenciones formales o de estilo, proyectos de presente que asumen una condición transitoria y efímera mientras generan vínculos sociales, espacios urbanos alternativos y tiempos para el debate o la construcción de nuevas realidades en la comunidad.
Como Las bellas durmientes, se trata de proyectos sin intermediarios, no referenciales y generados en un universo social y económico concreto que dan voz a la realidad o crean nuevos espacios para la relación y la subversión. Tras esta voluntad, múltiples trabajos se insertan en la realidad urbana y social mostrando su carácter participativo, en ocasiones lúdico, entrelazando análisis sociológicos, antropológicos, urbanísticos o arquitecturales de la metrópolis y sus comunidades. El arte así activa el empoderamiento social en el medio urbano como estrategia de alternativa política y creación de espacio público real, al respecto de las políticas del espacio desde el orden sexual y con diversas actitudes de disidencia en el arte actual.

Al hablar de arte público o de prácticas relacionales, con todo el contenido teórico que han obrado críticos y artistas, estamos señalando aquellos proyectos no codificados donde es posible cualquier tipo de encuentro, intercambio o comportamiento. Procesos que actúan desde una nueva perspectiva crítica sobre el diseño y uso simbólico de los espacios públicos y la producción de servicio en nombre del arte.

El mundo es ciudad, la ciudad es comunidad, gente que se relaciona con gente, personas que con frecuencia viven los estigmas del ser contemporáneo: soledad, miedo y melancolía. Pero el deseo es poder, las durmientes proyectan sus deseos entre los claroscuros de las imágenes sin tiempo. Las bellas durmientes son un relato abierto, un crucero entre la ficción y la verdad.